Luis Carnicero y Miguel Angel Viñuela entretejieron la música y el verso a la incipiente noche de San Martín del Agostedo.

Estaba advertido. Luis no sólo recita, entreteje el verso a la imagen, al movimiento, comparte la escena con el público asistente y en un perfecto diálogo con el joven y experto violonchelista logra que todo se impregne del verso, del silencio que muere de ganas por romperse en un aplauso bien merecido pero que el poeta elude para que no se rompa el conjuro al que ambos se han entregado desde que tomaron sus puestos de rapsoda y concertista a los pies del altar mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación .

No es lo común que la poesía encuentre su lugar bajo la bóveda de cañón de un templo pero esa tarde del 12 de octubre algo nos hizo sentir que este hecho debería ir más allá de lo circunstancial y repetirse de un modo ecuménico. Puede que sea este uno de los grandes caminos de la unidad para llegar a los corazones de los hombres.

“No se sabe si ocurrió” repitió tres veces el poeta como si acabara de volver de un sueño o como si a el fuera, como poniendo en duda la propia existencia de aquella tarde que poco a poco se iba dejando vencer por una impaciente luna llena. “No se sabe si ocurrió” pero recuerdo que sonaba una pieza de Bach mientras un alma envuelta en una túnica negra se llevaba otra blanca de la escena para entregarla a un jinete montado en una yegua también blanca que llegaría más tarde para llevarse los versos de Luis allá, más allá del horizonte y entregárselos a la noche.

“No se sabe si ocurrió” pero muchos recordarán en el tiempo la flotante melodía del violonchelo, los versos propios del autor y aquellos otros de Alexaindre, de León Felipe, tan reconocibles. Y haber seguido al músico a la calle, a dejarse sorprender por aquella blanca yegua cruzando por delante del pórtico mientras una campana resuena avisando de su llegada e impone un solemne silencio que concede un memorable final conformado por todos los presentes.

Después el aplauso inevitable, necesario y merecido.

SE HIZO UN SILENCIO BLANCO- Artículo y visión de Eloy Rubioundefined

Por Charo Martínez Dominguez- Poeta sobre el recital de Luis Carnicero:

He visto cosas que vosotros no creeríais.
Vi un violonchelo que dictaba palabras bajo la sabia dirección del músico.
He escuchado la música que trascendía de las palabras del poeta y llenaba la Iglesia de San Martín del Agostedo.
Vi las caras de los espectadores bebiendo música y palabras.
Cerré los ojos y me dejé llevar por Magia y por Ensueño.
Sentí ganas de aplaudir y me contuve. Sentí la historia conmovedora los ojos vidriosos.
Pero faltaba la noche y música y poesía nos sacaron del templo.
Pasó un jinete blanco
montado en una yegua blanca.
A la luz de la luna blanca y llena de Octubre.
El poeta siguió al jinete y nadie sabía si aquello había ocurrido.
Pero allí estaba, delante de nuestros ojos asombrados.
El poeta y el músico se fundieron en un abrazo de complementarios.
Creo que los que participamos como espectadores nos sentimos parte de ese gesto. La simbiosis del arte, el paisaje y El Pueblo.
Sé que no lo soñé y que tal vez no se repita nunca.
He visto cosas que vosotros no creeríais.
San Martín de Agostedo. Domingo y 12 de Octubre del 2019
Gracias Luis Carnicero, Miguel Ángel Viñuela y todo el equipo que hizo posible esta velada inolvidable.

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