Cristina Flantains y Javier Martín en el IV ciclo de Versos en la Somoza en Santa Colomba de Somoza

La poeta leonesa Cristina Flantains y el músico Javier Martín llenarán de poesía y música el Museo Casa Maragata de Santa Colomba de Somoza en el IV Ciclo de Versos en la Somoza el sábado día 18 de enero a las 18:00h.

La poeta: Cristina Flantains

Cristina Flantains, poeta y narradora nace en León en 1965.

Ha publicado relatos y poemas en diversas revistas, antologías y suplementos literarios, como ‘El Filandón’ de ‘Diario de León’, donde en el año de 1999 participó con su relato ‘Bajo la luz de la luna’. En el año 2000 publicó en una revista de literatura negra, ‘El miedo de Ana’, y en 2007 a través de la revista ‘The children´s book of American birds’, publicó otro de sus relatos titulado ‘Canción de cuna para Svetan’.

Ha recibido premios como el de Mejor Autora Leonesa, que le concedió el Ayuntamiento de León por su relato ‘Nada’ en 2002. Ese mismo año, también resultó finalista en el concurso de ‘Relatos de mujer’, que convocaba el Ayuntamiento de Valladolid, con un relato titulado ‘Y de postre: justicia’ que posteriormente fue incluido en una antología.

En el año 2015 fue finalista con su poemario ‘Amanecer’ en el I Certamen de Poesía ‘La Huella de la Palabra’ convocado por Piediciones, la editorial madrileña que ha publicado su libro ‘Phi’, un título que hace referencia al número áureo y que supone para Cristina su primera incursión en la poesía tras una larga y exitosa carrera en narrativa.

Con su segundo poemario, incluido en la colección Eria de poesía de Héctor Escobar (Eolas Ediciones) homenajea a “Los cantos de Maldoror” de Isidore Ducasse aunque esta referencia cultural no será la única que pueda vislumbrar en los poemas el lector más avezado: Unamuno, Pizarnik, Chéjov, entre otros, parecen asomar en ciertas ocasiones descubriendo los cimientos que han conformado las lecturas principales de esta poeta que se confirma como una voz de peso y se desarrolla como autora existencialista

Cristina no concibe la propia escritura sin la lectura que le proporciona poder encontrar sedimentos propios de conocimiento, de vocabulario, o introspecciones.

Dice, que escribe para vivir, para penetrar en la vida sin malgastar ni un segundo, para pensar y para comprender a quienes caminan a su lado.

Además afirma que sin belleza no hay poesía ni definición completa de lo que existe.

El músico: Javier Martín

Empezó a tocar la guitarra en la adolescencia de la mano de un compañero que le inició en los primeros acordes y le dio las primeras nociones básicas para poder desarrollarse.

Su desarrollo musical fue autodidacta y tratando de imitar a sus ídolos del momento y estudiando todos los métodos cifrados que caían en sus manos terminó componiendo sus propias canciones.

Sus influencias musicales fueron de los más variadas, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Hilario Camacho y Joaquín Sabina fueron para Javier Martín sus grandes referentes.

También tomó como referencia a músicos y cantautores  anglosajones como Bob Dylan, Neil Young, BB King, Eric Clapton, etc.

En su época universitaria dio clases particulares de guitarra a escolares que se sentían atraídos por este instrumento.

Siempre se ha sentido afortunado de haber vivido las décadas de los 80-90, que resultaron inmensamente creativas musicalmente y participar activamente en lo que algunos llamaron la movida “Madrileño-Leonesa”.

Ha actuado en varios Colegios Mayores de Oviedo, como el “Asturias” o el Colegio Mayor “América”.

También en la provincia de León, tocando en discotecas de Boñar y Bembibre y en varios pubs de la ciudad de León, como  “Garabatos”, “El Violín”, “El Pierrot”, la discoteca “Mithos”.

Durante el presente año 2019 ha acompañado la presentación del segundo libro de poemas de Cristina Flantains, “La quilma del sembrador y la clemencia de Maldoror”, interpretando  canciones compuestas a partir de varios de sus poemas en el pub Ret Marut de León. Del mismo modo, acompaña musicalmente a otros poetas como José Antonio Vallejo Aller o Carmen G. Pinillas, en la capital leonesa.

El pueblo: Santa Colomba de Somoza

Santa Colomba de Somoza es uno de los pueblos más interesantes de la Somoza, comarca leonesa a la vera del Teleno, y que recibe ese nombre del latín (sub-montia). Pueblo cabecera, que da nombre al municipio formado por diecinueve pueblos.

La primera referencia documental de Santa Colomba aparece en un texto de 1027 en el que se detallan las propiedades del obispo de Astorga. Durante los siglos de la alta y baja edad media, la agricultura y la ganadería conforman su actividad económica. Es llegado el siglo XVI cuando algunos campesinos, durante la estación de descanso de sus tierras, comienzan a utilizar sus animales de carga para ayudar en el transporte de los enseres de los peregrinos de León a Galicia, atravesando el paso del puerto de Foncebadón, lo que los lleva a construir casas de un valor extraordinario, sin duda debidas al poderío económico que tuvo el lugar gracias a la arriería.  Los arrieros, desde el XVI al XIX, crearon un auténtico imperio en el transporte de la época y llevaron a la gastronomía de la meseta de salazones de pescado y otros productos del mar.

También hay construcciones de tipo labriego somozano, con casas de sillería, arcos de medio punto y galerías acristaladas con colores llamativos.

El pueblo está situado a 992 m de altitud, a orillas del río Turienzo, que se cruza por un puente de piedra realizado en 1883 y divide el pueblo en dos barrios.

La primera presencia humana de su historia se retrotrae a la villa romana del Soldán, del siglo I d.C., descubierta por el doctor Julio Carro, y por las explotaciones romanas de Las Médulas-Las Lagunas. La villa se ha relacionado con la administración de las minas del oro de época Imperial. Los objetos y materiales hallados fueron depositados en la Diputación Provincial de León, donde permanecen. Conserva restos de explotaciones auríferas y villa romana en el pago del Soldán.

La primitiva iglesia, consagrada a Santa María de la O, fue demolida, realizándose otra que se consagró en 1929 aunque conserva los antiguos retablos, como el de la capilla mayor. En el centro figura la imagen de la patrona. En el campanario podemos apreciar perfectamente la efigie de la vieja torre, embutida en la actual. El otro recinto sagrado de la localidad es la ermita del Ecce Homo.

El museo etnológico está en una tradicional Casa Maragata que es visitable y ofrece eventos artísticos y culturales durante todo el año.

Tuvo fabrica de pieles y cuartel de la guardia civil ahora reconvertido en residencia de la tercera edad.

Hoy, sus valles y colinas son territorio de robles, brezos y encinas. Entre ellas pastan corzos, liebres y jabalíes; también el lobo, el zorro y la perdiz tienen presencia. Todo ello, unido a la bella y tradicional arquitectura maragata en piedra, ha creado un destino turístico cruzado por el Camino de Santiago que se ha convertido hoy en su principal actividad económica.

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