Luis Carnicero

El poeta Luis Carnicero ha referido en diversas ocasiones la riqueza natural de la provincia de León y esta vez quiere brindar apoyo sumando su voz y su verso al mundo rural que vive su peor etapa con un alto índice de despoblación.

Luis Carnicero es arquitecto, poeta, historiador, actor, escritor, profesor, escultor, mecenas… pero sobre todo es amante de su tierra. Conoce como nadie su cultura y la naturaleza de sus gentes. Son numerosas las iniciativas culturales que ha puesto en marcha en ella.

Su imagen interdisciplinar de las artes, con la que ha creado escenografías para La montaña mágica, de Mann; el Fausto, de Goethe o La tierra baldía, de Elliott, y Misterios escenográficos como Arquisol-Lunatectura y Poética de juglar, se refleja también en sus ensayos, artículos, relatos y poesía, publicando, entre otros, los siguientes libros: Villas para Laura, Manchas en el Borde, Donde el Amor, Encarnada Luz o Morando el cristal. Ha participado en el XVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca. En el MUSAC de León ha llevado a cabo la performance “Meditaciones del constructor de cabezas”.

Es sin duda un gran arquitecto de la palabra pues Luis no sólo recita, entreteje sus versos con imágenes y acciones que los alimentan y enriquecen, y sus puestas en escena terminan por ser una introducción que prepara el ánimo de los oyentes para conseguir que ellos mismos finalicen la obra.

ALGUNOS POEMAS DEL AUTOR

FÓSILES
TE BUSCO AQUÍ
EN LOS ROALES DE SAL
y allí
en el anhelo de un brazo
o en la jaula vacía
o en el arañazo menudo de una uña
dibujando su arcoíris sobre hexágonos negros
el corazón fatigado
olvidando el miedo
entornando los ojos
con el apasionado mirar de Nicolás de Cusa
para convertir en engarzadas curvas
en brillante humedad
el paso de las serpientes del dolor
abriéndome
ampliándome hasta ser recta pura
horizonte sólo.
Te busco ascendiendo
entre letanías vegetales
haciendo un centro en cada pisada
borrándome
con el corazón mudo
te busco
infinito no pronunciado
sobre el puente que cruza abismos
y por si alguien padeciera
tierra con mi sangre
aun con la suciedad acre
de las grietas de mi labio
te beso desde la sombra del cielo
Dios de la piedad
Dios del contemplar
en tus palomas de agua.


 


SOMBRAS EN LA ESCALERA

TAN SÓLO ALLI NO DUDO AUNQUE NO LLUEVA
no está el miedo ni la herida
sólo un saco
una vasija de metal
y las palomas
o simplemente
en sus cajas
las palomas…
palomas y no nubes
una esponja y un arcón
además de caramelos con olor a naftalina
al final de los peldaños donde teje telarañas
una silla con contornos de alguien que volvió.
Por qué siempre contemplo la escalera
desde lejos
acordeón desvencijado
enmudecido como un viejo animal
que no brama
ni respira febrilmente
sólo vela.
Por qué ahora nadie llega y yo la escucho
quejarse de las sombras que le pesan
como ecos del pasado
como huellas de silencio
de una mesa de café
con mármol y fichas de marfil.
Si he medido el respirar en sus alturas
tras tras tras
y de fondo las palomas
¿no será la escalera una caja que se hunde
y yo mismo el agua que le pudre el balaustre
la carcoma que le horada la cintura y desmorona?
Y si fuera yo también una sombra en sus axilas
y ella estuviera esperando desde siempre
alma sin latido
que la ascienda y observe lo que espero.
Y si fuera yo también en la escalera
una sombra detenida y contemplada.

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